07 septiembre, 2008

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La misma noche que se inauguraba la exposición individual de Ramón, la galería Nueveochenta hacía un experimento muy poco creativo: una exposición colectiva inspirada en la idea del cadáver exquisito. Un ejercicio de carácter universitario y cuyo resultado no es una despampanante muestra dadaísta, sino más bien un incoherente teléfono roto lleno de obras ingenuas e ideas llevadas a cabo a la carrera. En general el nivel deja demasiado que desear. Incluso me entristecí un poco al ver que muchos de los jóvenes que he defendido en artículos pasados no daban la talla para estar en un espacio en donde de seguro muchos querrían estar.

Por ejemplo…

La obra de Rodrigo Echeverri es patética. ¿Urimori? ¿Esa es la preocupación de este artista por los temas políticos? Qué falta de todo. Saúl y Miller, dos de los consentidos, estuvieron muy por debajo de su nivel usual. Porque aún si no es una muestra importante, hay que hacer las cosas bien. De lo contrario, si no lo van a hacer, sería más valioso que los curadores encargados pensaran en darle la oportunidad a otros talentos. El hombrecito huyendo de la silla roja de Nicolás Paris delata más la prisa por cumplir que el afán del personaje por huir. Y así sucesivamente. Porque hubo más nombres y fichas técnicas que imágenes u obras de arte. Y ni que decir de la intervención in-situ del patio interior… Qué tristeza.

Como excepciones, quisiera destacar la pintura de Marco Mojica. Impecable como de costumbre. Sencillo pero a la vez poético. Y dadaísta, ya que habla de nada. De lo banal y lo trivial. De una hoja, de un papel, de una canción. Felicitaciones.

Lorena Espitia también le imprimió un gran esfuerzo a la tarea con una obra que además demuestra una sana evolución. Pasando de una estética consumista y con referentes populares (que le dieron muy buenos dividendos en salones y concursos) a una gráfica hiper-constructivista que choca pero atrae, que me incomoda pero a la vez me gusta, que me intranquiliza pero que igual me dan ganas de mirar de nuevo.

Consuegra muestra un poco de lo mismo pero bien hecho.

Y el joven Gonzalo García, un pintor excepcional, de seguro se quita un enorme peso de encima haciendo una obra-registro de su proyecto performativo denominado ‘finding Alice’. Aunque admiro la valentía de intentar proponer algo distinto a sus acuarelas y a sus fotos, creo que el resultado no es el más afortunado. Pero hay algo. Y este joven sigue prometiendo.

De resto no hice sino limpiarme la pestañina que se aglutinó impotente en las líneas que le dan vida a mis ojos.

Nota: Otra opinión interesante al respecto.
http://esferapublica.org/portal/index.php?option=com_content&task=view&id=812&Itemid=79

1 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

Al igual que la blogera lolita, comparto su sentir con esta exposición, aunque me hubiera gustado leer una referencia, no de las obras que aportaron los jovenes artistas, sino del cadaver exquisito que estaba en el segundo piso. En fin, pienso que es un ejercicio académico que en las universidades no es muy afortunado y como aca vemos no tiene mucha relevancia en el trabajo particular de cada artista. Sin embargo a veces es mejor optar por no hacer nada que hacer algunas cosas, ya sea por respeto a los otros artistas o al público que se acerca a estos espacios.

9 de septiembre de 2008, 12:44:00 p. m. COT  

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