21 junio, 2009

Fotográfica 2009

Hace unos años, bastantes de hecho, cuando estudiaba mi maestría en Londres, fui de visita a Paris para encontrarme con unos muy buenos amigos, compañeros y compañeras de adolescencia. Justo en ese paseo, en alguna fiesta hipster cerca del Marais, me presentaron a Gilma Suárez, una chica colombiana mayor que yo pero igual de interesada en el arte. No fue una conversación muy larga pero sin embargo intercambiamos ciertos comentarios pseudo-intelectuales típicos. Cada una con sus propios intereses, con su visión al respecto, y seguras de querer en algún punto volver a Colombia y poner en práctica todo lo que estábamos aprendiendo. Supongo que la pasión y los sueños del futuro era lo que nos mantenía vivas mientras nos embriagábamos de copas y cigarrillos junto a la bohemia de la época.



Hoy, con años encima de madurez, las cosas han cambiado. El mundo ha cambiado. El arte ha evolucionado. La cultura también. Y bien, Gilma ha logrado llevar a cabo, gracias al apoyo de instituciones, academias y de la empresa privada, su magno evento de fotografía en Bogotá, Fotográfica, el evento de carácter bienal que ya cumple su tercera versión. Una idea que surgió del afán por encontrar un espacio de exhibición, difusión y gestión de la fotografía en Colombia y el interés por acercar a un público pasmado, lo más importante de la fotografía mundial. Un esfuerzo titánico que empieza a dar grandes frutos. No sabría a ciencia cierta si es por una inigualable y sincera capacidad para la gestión o un envidiable manejo de las relaciones públicas y el Networking. Porque a veces hacen más las ganas de dominar la escena artística o que simplemente te vanaglorien como heroína cultural, que la pasión profesional y el sueño juvenil de hacer las cosas bien. Esto, aún si hay que librar una detestable y desgastante guerra de egos y pugnas. El caso es que se ha logrado y cada día es evidente lo alto de su nivel. Y supongo que el crédito no debe ser sólo para la directora sino también para toda la gente que la ha acompañado y la ha rodeado haciendo el trabajo tras bambalinas. Enhorabuena.

Hablando de la obra como tal, debo decir que vi montajes muy pulcros (detalles muy bien resueltos en la Alzate y en en el CCGGM), unos riesgos de museografía y curaduría bastante acertados con la inserción de fotografía contemporánea en La iglesia de palacio y en el museo Colonial (mejor lo de la Iglesia) y pesos pesados en vivo y en directo para todos los bogotanos (genial lo de la nueveochenta y de lujo los invitados del Mambo, Nan Goldin entre ellos). Lamentable el aporte colombiano de vacas sagradas en la planta baja del Mambo que lucían muy en desventaja y casi paupérrimos en comparación del resto. Temo que fuera cuestión de nivel profesional, herramientas y recursos de parte de nuestros más reconocidos fotógrafos, que se vieron arrasados por un Mapplethorpe en igualdad de condiciones. En todo caso Bogotá se vio invadida de cabo a rabo por los laberintos del rostro y los paisajes de la conciencia, y eso me pone muy feliz. Aunque temo que cada vez más empieza a rivalizar con fotología, no solo por el hecho de confundir a los espectadores, sino porque el enfoque tiende poco a poco a ser el mismo, aún si no era la intención. En todo caso la barra se ha puesto alta y eso no lo imaginábamos cuando nos divertíamos en Paris.

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