11 mayo, 2010

A la sombrita de las residencias

Durante el mes de abril, mes de lluvias, rayos y centellas, la galería Santafé cobijó en su semi círculo expositito y el apéndice alterno, un par de muestras que quería comentar.



La primera es una exposición que reunía a los ganadores de residencias artísticas del año pasado, que por hacer memoria, se vieron empapados ante la acusación de haber sido elegidos a dedo por la reconocida curadora María Iovino. Y pruebas no le faltaron a Andrés Matute para hacernos ver a los actores de este pequeño mundo, que habían inconsistencias de sobra en ese proceso de selección, que igual prosiguió como si nada. Y hoy más que nunca le doy la razón a Matute, ya que visitar esta exposición, fue básicamente tan similar como asistir al pabellón Artecámara del año pasado curado por la chica en cuestión. Efectivamente siente uno la presencia omnipresente de una mirada similar, de una forma de hacer las cosas muy específica, y de elegir mecánicamente a un grupo predilecto. Lo difícil de la situación es que son artistas serios y propuestas conscientes y concretas, además de que la exposición está bien resuelta. Es decir, María Iovino parece hacer bastante bien su trabajo. Lo triste es que esto sea a través de convocatorias públicas y de procesos cerrados que nos dejan ver una intención tan clientelista como la de un político. Y aquí cabe perfectamente el señalamiento de Franklin Aguirre y su exposición Friends, que ilustra perfectamente este mal arraigado del medio al que todos parecen hacer caso omiso. La diferencia es que Aguirre lo hace en una galería comercial abierta que le brinda esas posibilidades (incluso discursivas) y no a través de una Fundación que aunque seria y profesional tiene en sus raíces todos los males del entorno público en nuestro país. En pocas palabras es una exposición con trabajos acertados como los de Alexandra Mc Cormick, Adriana Salazar o Mónica Páez, que se nota que disfrutaron y aprovecharon su residencia, pero que sin embargo, en el fondo, parece una línea más en la hoja de vida de una curadora. Se merece unas felicitaciones con serias sospechas de poca objetividad.
Mi consejo para Matute: trabajar más y mejor (tanto su obra como sus relaciones personales) hasta que el ojo de un experto o una mano amiga, caiga sobre su obra.
Mi consejo para Iovino, pensar menos en su carrera y en la consolidación de una generación puntual (ya Marta Traba nos mostró a dónde conlleva ese proselitismo y esa segregación de talentos) y avocar de más por el interés común y la exaltación de la diversidad.





Y al lado, por la sombrita de este evento, se presentó una sencilla instalación
de Adriana García. Una reflexión directa a la producción de polución de los automóviles en nuestras ciudades. Puntual, conciso, al grano. Una obra que tal vez luce solitaria pero que podría estar inscrita dentro de una curaduría sobre el medio ambiente y la naturaleza. Así se sentiría más acompañada. De todas formas me pareció interesante, bien montado, sin mayores pretensiones, pero con algo claro que decir.

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