07 julio, 2009

9-80

Este año en la galería nueveochenta parecen haber optado por hacer poco ruido y seguir concentrándose en consolidar la carrera de sus artistas con comidas privadas e invitaciones especiales a los coleccionistas que hacen parte de su mercado objetivo.
Evitan las inauguraciones circenses y la página social. Esto demuestra seriedad frente al negocio de comercializar arte y un interés por impulsar su mercado. Lo único malo del asunto es que el público ‘no-comprador’ se pierde la producción de sus ocho artistas y el supuesto centro de documentación y registro que anunciaron hace dos años y que poco se ha consolidado a través del tiempo. Una lástima. Pero sus intereses son de empresa y no de institución. Lo cual queda claro y me parece supremamente respetable.

Yo, a pesar de todo, siempre suelo dar una vuelta por allí, porque soy compradora, pero también porque como crítica supongo que he adquirido la constante responsabilidad de hacerlo. La última vez asistí para ver la obra de Luis Hernández y la intervención de Adriana Ramírez en el patio.



Masa, turba, muchedumbre, gente, nación, aglomeración y pueblo como sinónimos para definir esa cantidad de personas que en teoría devengan el poder y deberían ser el alma colectiva que le da vida a un país, parece ser la tesis que destaca Mellizo de nuestro eterno y un tanto fascista mártir de apellido Gaitán. Una exposición reducida a formulismos artísticos donde la sencilla técnica del símbolo + símbolo= concepto siempre parecen dar excelentes resultados, y más si se habla de nación, política o constitución. El recurso del frotage y un montaje aparatoso (pero eso sí muy contemporáneo) para destacar las frases, que ante los ojos del siempre iconoclasta* Luis, eran las más importantes del discurso demagogo de Gaitán me parecen innecesarios frente a un plegable de varios cuerpos que lo resume todo e inserta al espectador en unas inspiradoras palabras del líder. Aunque todas las piezas son fórmulas, las más interesantes son el collage hecho con el billete de mil pesos y la moneda que gira y gira como una cajita de música y que pocos parecen percibir ante lo gigantesco del discurso en carboncillo. De resto me parecen obras que aunque tienen ese tinte irónico que caracteriza al artista, cada día se me parecen más a chistes flojos y no a denuncias o señalamientos pertinentes. Además de que son escogencias muy fuertes que siento que no necesariamente comparte sino que las encuentra tan agradables e identificables que casi lo sitúan a la altura egocéntrica de un defensor de lo público, a pesar de no serlo realmente. Esto no lo siento en cambio en la expo re-encauchada para la curaduría regional Preámbulo en dónde el compromiso de Mellizo es mucho más fuerte y da cuenta de un proceso de socialización que en su acción misma construye esa idea de nación que tanto parece interesarle.



Por el otro lado ver los ‘dibujos espaciales’ de Adriana en un espacio tan simple pero tan diciente como el patio y bajo el nombre de balneario me generaron una sensación de bienestar. Nada más. Bienestar y vacación.



* Porque escandalizar a las mentes bien pensantes es una infalible manera de labrarse un nombre en la historia del arte. La polémica es una arma de doble filo – a veces deja el talento en segundo plano -, pero el arte es un terreno especialmente permisivo y proclive para poder ejercerla y aprovecharla como trampolín para subir como la espuma con la credibilidad intacta. AD. Architectural digest.

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