28 septiembre, 2008

Reflexiones desde la Realidad y la ficción

En esta ocasión debo reconocer el valioso trabajo de Eduardo Serrano al reagrupar en una muy sobria exposición a varios jóvenes cuyo punto de encuentro es la Universidad de Antioquia. Nombres que anteriormente y en este mismo espacio yo había destacado por la eficacia de sus obras en concursos como el salón Botero, el salón bidimensional o el salón de arte del BBVA. Entre ellos, César del Valle, Edwin Monsalve, Nadir Figueroa y Carlos Montoya. Artistas de gran talento y que con obras más poéticas que críticas han logrado destacarse en el creciente mundo de lo extremadamente conceptual y contemporáneo. Incluso a muy corta edad. Felicitaciones a ellos, a la galería por darles la oportunidad y a Serrano por tomarse el tiempo de reunirlos y presentarlos entorno a una problemática más que contemporánea: la realidad y la ficción.











Puntualmente lo de Carlos Montoya siento que se ha ido ensuciando un poco por la excesiva saturación de estos nuevos dibujos. Sin embargo lo automático de estos, mezclado con un refinado sentido de la observación siguen haciendo de sus imágenes un deleite para ojos inquietos como los míos.

De Nadir me quedo con las cometas en el potrero, reflejadas en ese pequeño espejo y que nos introducen en nuevas dimensiones pictóricas. Algunos de sus teatrinos aún me parecen muy del estilo y de la factura de una maqueta pero la reflexión y la búsqueda es supremamente adecuada. Ojalá piense más en la “pintura expandida”.

Edwin Monsalve está logrando encontrar el lenguaje oculto de la forma en la pintura. Las simetrías formando mariposas lo demuestran. El día que esa mancha libre y espontánea sea dominada por el cerebro con fines más científicos, la obra será inigualable.

El estruendo de una página que ensordece a un joven dibujado a lápiz por César del Valle, es de lo mejor que he visto este año.

15 septiembre, 2008

Frente al silencio / Adentro Afuera

Desde hace más de diez años y antes de casarme por primera vez, yo y mis amigas del colegio, un grupo de cinco chicas a las que nos unía la amistad de nuestros padres y un gusto inevitable por el chisme, nos reunimos una vez al mes para comentar todos los incidentes y detalles de nuestras agitadas vidas. Desde los más relevantes y profundos hasta las pequeñas ocurrencias sin sentido. Eso sí, siempre acompañadas de varias botellas de vino e innumerables postres. En la última ocasión la conversación giró entorno a la inevitable separación de Cristina quien se ha sentido sumamente contrariada con los caprichos de su marido. Aunque en el fondo todas sabemos que se merece otra oportunidad, acordamos que debía darse un tiempo y no precipitarse a tomar decisiones que no tuvieran vuelta atrás. Así, entre sonrientes y ‘alicoradas’ salimos de un reconocido restaurante en la zona G, nos pusimos nuestras máscaras de la vida real y volvimos a nuestras rutinas.



Yo por mi parte decidí pasar a visitar la exposición de la muy convencional Quinta Galería. En esta ocasión se trataba de la más reciente obra de Luis Fernando Robledo y de Yezid Vergara. Con ambas propuestas sentí algo muy similar. Sentí que me enfrentaba a obras plásticas de otra época. Tal vez de hace unos 15 o 20 años atrás. Como si hubiera entrado a una dimensión paralela del arte contemporáneo. Algo así como lo que se veía en la Galería Diners en los años ochentas cuando aún los discursos retóricos y las reflexiones demasiado críticas no tenían tan fácil entrada en los espacios comerciales. En este caso las piezas no parecen ser fruto de investigaciones forzadas sino de una búsqueda plástica entorno a los materiales y a la técnica. Robledo experimentando con la textura y la materia mientras recrea instantes plácidos y abstracciones relajantes del paisaje. Vergara, acudiendo a la tenue invisibilidad de las veladuras y a la sutileza de las transparencias, en un trabajo preciosista y minucioso. Ambas propuestas tienen ese sabor a taller, a lija, a distanciamiento del lienzo y del papel, a instantes de goce, que carecen de ese sustento intelectual que caracteriza al arte de nuestros días. Los textos son la clara evidencia de esto. No por esto son malos. Simplemente anacrónicos. Lo digo ya que los retratos dan ganas de contemplarlos, de recorrerlos y de mirarlo para ser feliz. Al igual que algunos de los paisajes. Sin embargo no me ponen a pensar. Por eso me sentí tan rara.




Creo que el problema es de la Galería que no logra definirse, o que simplemente se niega a entender la contemporaneidad. Aunque el espacio es muy bello, con un acogedor café a la entrada y muy bien cuidadas enredaderas, me molestó el cambio de piso, que en su mayoría es de madera, pero que muta descaradamente a un frío mármol color crema. Igual estaba de muy buen humor por ver a las chicas y porque un sol naranja se escondía a 45 grados, proyectando esa luz cálida que solo he visto acá en Bogotá.

Por el lado de Cristina espero que todo ande bien. Sé lo que es pasar por eso.

08 septiembre, 2008

Nota 15: Aclaración

A propósito de mi artículo acerca de la exposición de Ramón Laserna y de un comentario que recibí directamente a mi mail, quisiera hacer una aclaración. Nunca quise ofender directamente al artista, tampoco demeritar su proceso, ni mucho menos intervenir de forma atrevida en su vida personal. Mis comentarios simplemente intentan generar una reflexión constructiva para que la producción artística evolucione. Para que jóvenes como Ramón (indudablemente serio y responsable) se den a la tarea de pensar porqué hacen lo que hacen y de tomar una posición frente a su vida y su sociedad. En este caso parece, porque él mismo lo ha dicho:"No quiero decir nada con mi arte': Ramón Laserna"*, que sí la tiene, y es por eso que me impresiona que se hayan tomado tan a mal mis palabras. Al contrario debe pararse erguido y demostrar que como Warhol y Madonna (de quienes soy una furibunda admiradora) tiene las agallas y la convicción para seguir en esto. Además de que acá en Bogotá serán muy pocas las personas que le digan, sinceramente, de dientes para afuera, qué opinan de su trabajo.

Con respeto,

Lolita Franco


*El espectador

07 septiembre, 2008

Siguiente, por favor



La misma noche que se inauguraba la exposición individual de Ramón, la galería Nueveochenta hacía un experimento muy poco creativo: una exposición colectiva inspirada en la idea del cadáver exquisito. Un ejercicio de carácter universitario y cuyo resultado no es una despampanante muestra dadaísta, sino más bien un incoherente teléfono roto lleno de obras ingenuas e ideas llevadas a cabo a la carrera. En general el nivel deja demasiado que desear. Incluso me entristecí un poco al ver que muchos de los jóvenes que he defendido en artículos pasados no daban la talla para estar en un espacio en donde de seguro muchos querrían estar.

Por ejemplo…

La obra de Rodrigo Echeverri es patética. ¿Urimori? ¿Esa es la preocupación de este artista por los temas políticos? Qué falta de todo. Saúl y Miller, dos de los consentidos, estuvieron muy por debajo de su nivel usual. Porque aún si no es una muestra importante, hay que hacer las cosas bien. De lo contrario, si no lo van a hacer, sería más valioso que los curadores encargados pensaran en darle la oportunidad a otros talentos. El hombrecito huyendo de la silla roja de Nicolás Paris delata más la prisa por cumplir que el afán del personaje por huir. Y así sucesivamente. Porque hubo más nombres y fichas técnicas que imágenes u obras de arte. Y ni que decir de la intervención in-situ del patio interior… Qué tristeza.

Como excepciones, quisiera destacar la pintura de Marco Mojica. Impecable como de costumbre. Sencillo pero a la vez poético. Y dadaísta, ya que habla de nada. De lo banal y lo trivial. De una hoja, de un papel, de una canción. Felicitaciones.

Lorena Espitia también le imprimió un gran esfuerzo a la tarea con una obra que además demuestra una sana evolución. Pasando de una estética consumista y con referentes populares (que le dieron muy buenos dividendos en salones y concursos) a una gráfica hiper-constructivista que choca pero atrae, que me incomoda pero a la vez me gusta, que me intranquiliza pero que igual me dan ganas de mirar de nuevo.

Consuegra muestra un poco de lo mismo pero bien hecho.

Y el joven Gonzalo García, un pintor excepcional, de seguro se quita un enorme peso de encima haciendo una obra-registro de su proyecto performativo denominado ‘finding Alice’. Aunque admiro la valentía de intentar proponer algo distinto a sus acuarelas y a sus fotos, creo que el resultado no es el más afortunado. Pero hay algo. Y este joven sigue prometiendo.

De resto no hice sino limpiarme la pestañina que se aglutinó impotente en las líneas que le dan vida a mis ojos.

Nota: Otra opinión interesante al respecto.
http://esferapublica.org/portal/index.php?option=com_content&task=view&id=812&Itemid=79

03 septiembre, 2008

Tal para cual



Cada día me impresiona más la popularidad de Ramón LASERNA. Parece que su apellido equivale a un carné dorado con membresía vitalicia para figurar en las páginas de periódicos, revistas y portales de Internet. Tanto que uno pensaría que se trata de un cantante y no de un artista plástico.



En esta ocasión inauguraba la muestra ‘tal para cual’ en la Galería Casas Reigner como parte del festival internacional de fotografía de Bogotá: fotología 6. Y tanto la noche para los coleccionistas como para los aficionados estuvieron bastante concurridas. Y es que quien no querría tener una obra del joven fotógrafo de moda, justo en la pared principal de la sala o en el estudio de televisión. Bueno, tal vez quienes estén un tanto aburridos de la monotonía de unas obras que no han cambiado a lo largo de varios años. Unas fotografías que son atractivas, propicias para contemplar por un buen rato y que han llegado al tope de su limpieza técnica (los ensamblajes están perfectos), pero que no permiten entrever un ‘statement’ claro de parte del artista. Me pregunto cual es el futuro para Laserna. Porque aún si se escuda en la idea de que no quiere tener discursos críticos (que me parece magnífico), sí creo que hay una búsqueda frente a las ilusiones ópticas y que a partir de ahí, de ese punto, hay demasiado camino por recorrer, y que tal vez por frustración o comodidad no lo ha hecho. Porque el problema con los artistas tan jóvenes a quienes inflan rápidamente es que se estancan en una fórmula que puede que les haya dado resultado pero que no les permitirá avanzar del todo.



Sin embargo y a pesar de mis críticas, si fuera la primera vez que veo su obra diría que son piezas muy bien resueltas y que quisiera que hicieran parte de mi enorme colección privada. En especial la grieta y la tapa de alcantarilla. Los retratos podrían ser aún más efectivos.

Al final me pregunto si lo que lo une con Naty Botero y los vuelve tal para cual es precisamente su forma de hacer arte: hablo de vender un producto o imagen publicitaria y no necesariamente talento artístico. Formula muy actual y de enormes dividendos. Ya Warhol y Madonna nos lo han enseñado todo.